Deteccion temprana del autismo

El autismo fue enunciado por Leo Kanner y también expuesto por Hans Asperger hacia la década del cuarenta, uno en los Estados Unidos y el otro en Austria, sin embargo no fue listado en el Diagnostic and Statical Manual  (DSM) de la prestigiosa American Psychiatric Asociation  (APA) sino hasta 1980 y tampoco se la incluyó como discapacidad -con derecho a servicios de educación especial- en los Estados Unidos hasta los años 90.

El autismo en si es un espectro de trastornos, desde el autismo clásico -o kanneriano-, con enmudecimiento, asilamiento social, discapacidad intelectual, comportamientos repetitivos, balanceos o agitación de las manos, hasta el autismo de alto funcionamiento y/o síndrome de asperger, con inteligencia media o superior, intereses en determinadas áreas, etc.

En los años cincuenta se pensó que el autismo devenía de padres poco atentos quienes no manifestaban el debido cariño al niño y solo a partir de los años noventa se comenzó a trabajar -en nuestro país- sobre la hipótesis de que su origen fuera era biológico. Hoy se sabe que los cerebros de muchos autistas presentan anormalidades en diversas zonas, lóbulo frontal (responsable –entre otras- del control y la planificación), el sistema límbico (responsable del vigilancia de las emociones), y se han descubierto, asimismo, niveles elevados de serotonina entre el 30 y el 50% de los niños con autismo.

La incidencia del autismo se presumía en los años cuarenta de 1:10.000, cifra que se mantuvo hasta los años 90. Desde ahí, no para de crecer en límites alarmantes, así se barajaron cifras de 1:1000, luego de 1: 250 y –más recientemente- de 1:125. Ahora el National Institute of Mental Health  (NIMH), informa que de un estudio en distintos Estados en USA, la cifra es de 1:88. Lo que no es menos cierto es que el porcentaje del autismo clásico continúa igual.  La variación corresponde a nuevas definiciones, mayor divulgación, la inclusión dentro de los Trastornos de Espectro Autista de una cantidad de trastornos moderados y aun leves de la comunicación, y así tenemos el autismo atípico, el trastorno generalizado (pervasivo) del desarrollo no especificado de otra manera y el síndrome de asperger y/o el autismo de alto funcionamiento.

El psiquiatra John Ratey en su libro Shadow Syndromes: The Mild Form of Major Mental Disorders That Sabotage Us, indica que existirían variedades subclínicas de enfermedad mental no detectadas pero que están presentes como “trastornos ocultos”. Asimismo, el NIMH sostiene que ¼ parte de los norteamericanos adultos sufriría de un trastorno en algún momento de sus vidas. Las asociaciones de padres han hecho mucho en el cambio para la comprensión de los trastornos del espectro autista, pero en su interés por divulgar,  requieren de donaciones y para atraerlas, destacan solo los aspectos negativos del trastorno ya que la gente no aportaría si se tratara de una variedad entre muchas, así hay que resaltar la discapacidad sin destacar las numerosas cualidades que existen entre la población autista.

Así, cualquier forma de clivaje en la población infantil para separar a los autistas, va de la mano con el prejuicio previamente destacado. “Etiquetando” autistas no se resolverá ninguna cuestión, y esto no tiene que ver con la “detección temprana”, sino con que aun no existe el instrumento debidamente validado para la selección de los casos más leves y que garantice no habrán “falsos positivos” o el diagnóstico de autismo en población que no lo es y es una muy pesada etiqueta la de “autista” para un niño pequeño. Tal podría no quitársela por el resto de su vida y así quedar marcado. Esto está sucediendo con malos diagnósticos y con diagnósticos equivocados o casos muy leves. Así, (todo esto está muy bien explicado en el consenso de Philipek) no se da diagnóstico con la detección sino que se lo manda a estimulación y se lo reevalúa.

Baird en el 2000 (creador del M-CHAT) sugiere que las críticas anteriores bajarían si se toma en dos veces, o sea a los 18 y a los 24 meses. El Journal of Autism and Dev. Disorders (2008) 38:1414–1425,  Baron Cohen, Greg Pasco y otros, dicen que futuros estudios determinarán el futuro del CHAT como prueba de clivaje, “pero hasta que dichos estudios no se completen, el Q-CHAT no puede recomendarse para el uso clínico como prueba de clivaje…” La crítica sobre las recomendaciones actuales para la detección TEA-TGD  (Williams y Brayne, 2006) pone de manifiesto que la investigación de cribado TEA-TGD se encuentra todavía en una temprana etapas de desarrollo y validación cruzada, que una mejor definición de caso es necesario antes de que exitosos programas de cribado se pueden desarrollar, y que los instrumentos de detección necesitan más estudios antes de que se recomiende. (Mawle y Griffiths, 2006). En el estudio sobre 16.000 casos en UK, que realizara Simon Baron Cohen con el CHAT, los autores concluyeron que el CHAT era un instrumento válido para identificar casos de Autismo y Trastornos Generalizados del Desarrollo a la edad de 18 meses. Sin embargo el CHAT no era un instrumento diagnóstico útil para identificar posibles casos potenciales del espectro autista. Por tanto una de las deficiencias encontradas es que es menos sensible para a los síntomas menos severos del autismo como aquellos que presentan Trastornos No especificados, Asperger o Autismo Atípico. (Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente, 2004, 4(2): 127-144).

Así y todo, un test necesita de personal debidamente entrenado en la toma del mismo, en que no confundan un síntoma por un comportamiento típico de la edad y en tal sentido el M-CHAT es más efectivo a los 24 que a los 18 meses. No se cuestiona la detección temprana, por el contrario, se recomienda –dada las actuales cifras de incidencia-  que el estudio de los Trastornos del Desarrollo que comprenden a los Trastornos del Espectro Autista sea obligatorio su conocimiento en las carreras de Medicina, Psicología y Enfermería, así Pediatras y Enfermeras –primeros profesionales que ven al niño-, puedan tener la visión y los elementos para administrar las primeras pruebas (aun antes que el M-CHAT) y puedan predecir un diagnóstico de autismo y así actuar en consecuencia. El M-CHAT debe administrarse en dos edades del desarrollo (año y  medio y dos años) con tratamientos especializados y luego ser derivado a diagnóstico clínico, el que para los TEA son necesariamente consensuados.

Hoy, los profesionales no conocen  de autismo ni de éstos instrumentos (M-CHAT), instruirlos, preparar recursos para enfrentar los resultados debería ser prioridad del Estado. No hacen falta leyes para esto (más bien sobran), lo que hace falta es decisión en política sanitaria, crear consensos y comenzar –cuanto antes- al correcto empleo de los instrumentos de detección

Aun así, el Estado tendría que adelantarse a la detección creando los Centros de Referencia en todo el país capaces de dar respuesta a la enorme demanda que se está destapando.

Last modified on Domingo, 30 Septiembre 2018 18:12
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